El Jardín Andaluz del Museo Larreta, un espacio mágico en medio de la Ciudad.

El Jardín Andaluz del Museo de Arte Español Enrique Larreta, la ex casa del escritor Enrique Larreta (1875-1961), está ubicado en Juramento 2291, en el corazón del barrio de Belgrano. Visitarlo constituye un paseo inolvidable. Frondoso e irregular, es un espacio intimista que despierta el goce de los sentidos por el rumor de sus fuentes, el aroma de las flores y las diferentes texturas del piso. Los senderos que lo conforman limitan la visión de la totalidad y con el paso se van descubriendo fuentes de agua y especies exóticas, que revelan un verdadero oasis en medio del caos de la ciudad.  

Originalmente la residencia era una quinta de veraneo con árboles frutales que rodeaban la casa. Sin embargo, cuando Enrique Larreta la adquirió, su interior fue modificado para recrear las inclinaciones estéticas del escritor, que se interesaba por el período renacentista español y barroco. Para el exterior, Larreta buscó representar parte de la Alhambra, Granada, al sur de España, una región dominada por los árabes entre comienzos del 700 y fines del 1400. Para ello, se creó un jardín de estilo andaluz. Estos nacieron de la fusión arquitectónica del mundo romano y musulmán. Lo más significativo que tienen son la variedad de plantas, lo cual comenzó por una práctica religiosa de hacer ofrendas a los dioses o de homenaje a los fallecidos, mediante la colocación de una planta que le represente. A su vez, este tipo de jardines, según la tradición hispano-islámica, son lugares para orar, meditar, y pasar momentos de sosiego. Por ello, tienen la intención de trasladar la naturaleza al interior de la casa y hacer que el habitante se evada de la vida de la ciudad envolviéndolo en un entorno de paz y tranquilidad.  

Ciertamente, se logró el objetivo. Algunos estudios ubican la esquina de las avenidas Cabildo y Juramento como una de las más ruidosas de Buenos Aires, con índices elevados de contaminación sonora. Sin embargo, a sólo una cuadra de allí perdura este enclave silencioso, que un siglo después sigue siendo elegido diariamente por numerosas personas que lo visitan para relajarse.  

El terreno ocupa unos 5.500 m2, y está dividido en cuatro por arbustos que crean laberintos de leyenda en alusión a la tierra, el agua, el aire y el fuego. Los árabes concibieron los jardines como antítesis del desierto, plano e infértil. Por eso, cada cuadrícula remite a pedacitos de selvas vírgenes. Dentro de ellas, las plantas deben crecer del modo más natural posible.  

Los laberintos de plantas de boj son angostos, rectos, diseñados para una caminata solitaria o de a dos: el dueño de casa junto con un huésped, acompañados por la naturaleza.  

Se encuentran diversas especies exóticas y nativas de plantas, como el ginkgo biloba, el ombú añoso, la glicina -cuyo origen es China-, el ciprés, palmeras – íconos del oasis-, el palo borracho y el infaltable naranjo amargo, que todo jardín español debe poseer.  

Al ingresar al patio desde el museo, se atraviesa un pórtico adornado con pequeñas cerámicas granadinas cuadradas, blancas y azules, que se intercalan con las baldosas color ladrillo. Luego, una escalinata con macetas da acceso al sendero que conduce a la “fuente de las Ranas”. Esta es un ejemplo de cómo se combinan las influencias hispan- islámicas. Las mayólicas, tipo de decoración cerámica sobre loza estannífera, le dan el toque español, y el revestimiento en mármol de Carrara y las ranitas surtidoras de agua, ubicadas alrededor, el occidental. La idea musulmana es que el rumor del agua y las ondas que forma al alejarse hacia los bordes ayuden a concentrarse a quien quiera orar.  

Como se observa, el diseño del jardín está muy vinculado con lo que Larreta vio en el viaje por España que realizó previo a la reforma de la casa. Por ejemplo, al pasar por Córdoba, Andalucía, se inspiró para la construcción de las tres ventanas de reja, abiertas, que dan sobre la calle Juramento y permiten verlo desde el exterior. En esa zona decían que “las usaban para observar el caos antes de volver al jardín, el paraíso en la Tierra”

Uno puede visitar este Jardín Andaluz solo, o puede recorrerlo con alguien que lo conoce como pocos: Antonio Sturla, su jardinero desde hace 28 años, quien realiza, además, visitas guiadas. Para mantener el jardín, debe leer y asimilar La Carta de Florencia, redactada por el Comité Internacional de Jardines Históricos en 1981. Donde sus 25 artículos versan sobre cómo actuar en un jardín de estas características. Hay partes orientadas al mantenimiento, restauración y conservación, pues ya que pertenece a un museo, está considerado un patrimonio histórico y las tareas deben estar orientadas a poner en valor el sitio.

El jardín andaluz es un lugar único en Buenos Aires con una propuesta diferente dentro del ecosistema porteño.

Para visitarlo se debe sacar turno. Está abierto los lunes, miércoles a viernes, y feriados, de 12 a 19 hs; y los sábados y domingos de 10 a 20 hs.
Redacción: Lola. S (@lolask_)



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