Cosas que tener en cuenta a la hora de elaborar una lasagna.
Si la pasta es uno de los platos más tentadores conocidos por el hombre, la lasagna tiene que ser uno de los principales contendientes en la categoría. Una de las formas de pasta más antigua y popular, la lasaña generalmente tiene forma de cintas anchas o rectángulos. La masa, hecha de harina y huevos, se enrolla en láminas finas, se corta cuidadosamente, se hierve, se escurre y se coloca en varias capas con rellenos como carne, queso o verduras. Hay varias variedades locales de esta amada especialidad italiana, provenientes de regiones como Emilia Romagna (donde se originó, según La Cucina Italiana), Nápoles y Venecia.
Cocinar una buena lasagna no es tarea fácil, pero siguiendo estos pasos, comprenderás mejor como elaborar una buenísima lasagna casera.
Tener todo lo que necesitas a mano.
Antes de ponerse a trabajar, necesitas tener las herramientas adecuadas a mano. Si vas a hacer la pasta desde cero, necesitarás una tabla de madera grande y un palo de madera para estirar la masa hasta que quede suave. Un buen cuchillo afilado para cortar la masa en tiras.
Elegir la pasta
Hacer láminas de lasagna desde cero siempre es una opción. Esta receta requerirá huevos, harina, sal. Sin embargo, si este primer paso no está en sus planes, deberás elegir entre pasta fresca y en caja.
Si la elección es en caja, las posibilidades son: las tradicionales láminas de pasta seca que deben hervirse antes de colocarlas en el plato, o sin hervir , o “listas para el horno”. Para las láminas de pasta seca regulares, debes usar mucha agua y hervir las láminas en tandas, para que no se peguen en la olla. Hay que removerlos y estar atenta para retirarlas al dente. De lo contrario, se ablandarán demasiado cuando estén en el horno.
La cantidad de capas es tu elección pero la idea es conseguir equilibrar los elementos principales del plato: fideos, salsa y otros rellenos.
Entonces, primero cubrimos el fondo de la fuente con salsa; esto asegurará que la lasagna no se pegue en el fondo. Seguido, agregar la primera capa de fideos de lasagna, seguida de una capa de relleno, como la boloñesa. Repita estos pasos, alternando entre fideos y relleno, y recuerde extender el relleno con cuidado, asegurándose de cubrir toda la superficie de la capa de pasta.
Para finalizar cubra con mozzarella o el queso que requiere su receta, y tendrá una lasaña burbujeante.
Prueba con variedad de ingredientes
La lasagna es versátil, lo que significa que se puede probar recetas tradicionales como lasaña napoletana , que incluye albóndigas, salami, ricota y huevos duros, y/o lasaña bolognesa clásica con carne picada y panceta. Pero si te animás a experimentar, se puede combinar rellenos como carne de vaca, salchicha o cerdo; quesos como mozzarella, ricotta, parmigiano reggiano y provolone; y todo tipo de verduras, desde champiñones y alcauciles hasta berenjenas y espinaca. Para los más osados la lasaña de mariscos es otra gran idea: puedes rellenarla con camarones, carne de cangrejo y vieiras.
Si lo tuyo es una opción baja en carbohidratos, puedes usar rodajas de calabacín o berenjena en lugar de láminas de pasta. Todo lo que necesita hacer es cortar las verduras con una mandolina, asarlas, y colocarlas en capas cuidadosamente como lo harías con las láminas de lasagna.
Todo sobre el queso
El tipo y la cantidad de queso que uses dependerá de la receta que estés utilizando, pero es uno de los ingredientes esenciales de este plato.
Según los expertos los mejores quesos para usar en lasagna son Pecorino Romano (un queso cremoso elaborado con 100% leche de oveja); ricotta Salata (elaborado con suero de leche de oveja y envejecido durante 90 días); mozzarella de leche entera (un queso fibroso que se puede rebanar hecho con leche de búfalos de agua); parmesano orgánico (un queso duro salado con sabor a nuez, elaborado con leche de vaca); y Romano (un queso suave y duro elaborado con leche de vaca, cabra u oveja).
El tiempo de cocción depende de varios factores, desde el tamaño y el volumen de su lasagna hasta la temperatura de los rellenos. Por eso es importante seguir las instrucciones de la receta. Aún así, es importante recordar que la carne y las verduras que utilice deben estar calientes o, al menos, a temperatura ambiente.
Antes de colocar tu fuente en el horno, no olvides cubrirla con una hoja de papel de aluminio. Esto concentrará el calor dentro de la fuente para hornear y evitará que la lasagna no se seque. Retire el papel y hornee unos minutos más, para que el queso que va por encima de la lasagna se derrita y gratine bien.
La salsa lo es todo. Ya sea bechamel, pesto o ragú, conseguir la textura, el condimento y la cantidad de salsa adecuados puede hacer la diferencia entre una buena lasagna y una excelente.
La bechamel o salsa blanca es una de las claves del éxito. Aunque es conocido como un alimento básico de la cocina francesa, en realidad nació en la Toscana durante el Renacimiento y fue llevado a Francia por los chefs de Catalina de Médicis. Esta salsa se elabora con manteca, leche, harina, una pizca de sal y nuez moscada y le dará una textura suave y cremosa a la lasagna.
Con la boloñesa, el secreto es dejar que las verduras salteadas, también conocido como el soffritto (zanahorias, apio, cebollas y tomates), hiervan a fuego lento durante horas con la carne. ¿Pero sabías que deberías agregar leche? La leche hará que la salsa sea más aterciopelada e infinitamente más deliciosa.
La lasagna es un plato sustancioso y completo por sí mismo, pero si quieres acompañarla puedes hacerlo con una guarnición de verduras o una ensalada que equilibre los ingredientes que estás usando en la pasta. Por ejemplo, una fresca ensalada de la huerta complementará una lasagna a la boloñesa, mientras que una lasagna de frutos de mar puede beneficiarse de una clásica César. Las verduras asadas, como el brócoli, los repollitos de Bruselas o el coliflor, también son excelentes guarniciones para servir con lasagna.
txt C. S.