Edificio Los Eucaliptus. Virrey del Pino 2446, Belgrano.
En el barrio de Belgrano, cuando aún era una zona netamente residencial, los arquitectos Ferrari Hardoy y Kurchan, estudiantes de Le Corbusier, proyectaron el edificio “Los Eucaliptus”, también conocido como la Casa del árbol.
Sobre un terreno de generosas medidas (26,75m de frente x 38,28m de fondo), sobre la calle Virrey del Pino, a pocos metros de la Av. Cabildo, se construyó este edificio destinado a vivienda multifamiliar, con todos los servicios, basado en el modelo de la Unidad Habitacional de Marsella. A su vez, por las dimensiones del lote, y por la arboleda de eucaliptus que se erigían en su frente y que querían conservar, los arquitectos decidieron llevar el edificio al fondo del sitio, rompiendo con el esquema de patios interiores y saliendo del alineamiento de la cuadra característicos de Buenos Aires.
Este proyecto respondía a tan particulares características para la época en gran medida por el pensamiento de sus arquitectos. Juan Kurchan (Buenos Aires, 1913 – 1972) y Jorge Ferrari Hardoy (Buenos Aires, 1914 – 1977) habían estudiado juntos hasta 1937 en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires. Luego viajaron juntos a Europa y completaron su formación en el estudio de Le Corbusier en donde conocieron al arquitecto catalán Antonio Bonet, junto a quien fundaron el Grupo Astral, y diseñaron el originalísimo sillón BKF.
Tres rasgos marcan el programa de la arquitectura modernista: organización geométrica rigurosa, aprovechamiento al máximo del espacio, e incorporación de la naturaleza a la obra. En este caso, la presencia de los eucaliptos constituye el centro de la propuesta. Para acceder es necesario pasar por un camino sinuoso que atraviesa todo el jardín arbolado, e incluso se traslada al interior, donde se construyó alrededor de unos ejemplares de eucaliptos añejos.
La fachada también expresa en su diseño una acabada idea de la modernidad: un marco de hormigón la limita, al tiempo que contiene una grilla de equilibradas proporciones, donde se alternan llenos y vacíos, materiales, colores y texturas, conformando una imagen final de gran atracción, plasticidad y equilibrio. Las carpinterías son de piso a techo y combinan vidrio transparente y translúcido. Los planos ciegos se recubren en azulejos, de colores celestes, rosas y amarillos, en una gama más oscura en el sector protegido por las plantas y más clara donde el sol es más directo. Genera un interesante juego de sombras que le dan movimiento a la fachada a lo largo del día, y responde también a un cuidado diseño bioclimático, por aquel entonces absolutamente innovador.
Para aprovechar al máximo el espacio y obtener más pisos dentro de la altura total reglamentaria, Kurchan y Ferrari Hardoy necesitaban disminuir la altura obligatoria de los locales que hasta el momento era de 3mts. Para ello, consiguieron un permiso especial por el cual “La casa del árbol” fue el primer edificio porteño cuyos locales tuvieron 2.7mts de altura. Así consiguieron construir 10 pisos, que reparten 29 departamentos, un parque con juegos para chicos, un salón de lectura, un lavadero de uso común, un estacionamiento, y un restaurante, el cual era frecuentado por Jorge Luis Borges y María Kodama.
Todas las áreas de servicios comunes se encuentran en la Planta Baja. Del 1º al 8º piso se dividen en 2 monoambientes, 1 departamento de living y dormitorio y 1 duplex con doble altura en el living con 3 dormitorios. El último piso es atípico ya que acoje un amplio departamento estilo atelier, con living en doble altura, comedor, biblioteca, dormitorio, y jardín de invierno. Ocupa toda la planta y está rodeado de terrazas jardín.
De todas maneras, todas las unidades tienen balcón o terraza propias, y se ordenó la estructura para dejar las áreas de servicio al fondo, orientando los estares y los dormitorios hacia el jardín del frente, lo que permitió que cada departamento tuviese buena iluminación e interesantes vistas cobijadas por los eucaliptus. Esto con la intención de generar un cambio en la forma de habitar, donde el usuario tiene una relación constante con el exterior, pero teniendo la sensación de cobijo dentro de sus espacios más privados.
A su vez, los arquitectos, en conjunto con el diseñador Walter Loos, construyeron a medida todo el mobiliario y decoración para los departamentos en 1949. Creando piezas únicas y funcionales para esos espacios en particular.
En conclusión, la modernidad en el edificio, no se ve únicamente a partir de su propuesta estética y lingüística, sino también a través de su programa y de la calidad espacial de sus espacios. Incorpora nuevas funciones colectivas propias de la época, armonizando lo individual y lo colectivo, logrando lugares de esparcimiento, funciones vitales y redes circulatorias que garantizan el intercambio social. Contempla locales sanos, con una buena iluminación y ventilación, pero planteando también interesantes vistas, flexibilidad funcional y calidad vivencial y constructiva.
Txt: Lola S.