La Noche de los Templos, cultura de la fé

Un encuentro en Buenos Aires refresca el pulso de la fe porteña
El sábado por la noche, con las luces del Obelisco apenas guiñando a la distancia, se habrá de contemplar un desfile de almas curiosas, mate en mano y oídos atentos, recorriendo templos, parroquias, sinagogas, mezquitas y monasterios. Esta “Noche de los Templos” promete revelar a la Ciudad de Buenos Aires su más íntimo caleidoscopio espiritual. Aquella mixtura sagrada, que desde hace décadas palpita en sus barrios, se volcará a las veredas bajo la luna porteña.


Tiempo de lectura: 15 minutos


Cuando la fe se codea con el asfalto

La noche del sábado 14 de diciembre, bien entrada la hora en que los grillos entonan su tango escondido entre macetones de balcón, Buenos Aires verá, por octava vez, el peregrinaje nocturno de vecinos, turistas e investigadores de la fe. Desde las 20 horas y hasta la medianoche, un enjambre de linternas, charlas suaves, pasos lentos y preguntas sin respuesta se posará en más de 80 templos de diversos credos: católicos, ortodoxos, judíos, budistas, musulmanes, africanistas. No es una procesión de murga, ni una cita política, ni un corso improvisado; es la Noche de los Templos, un evento pensado para fisgonear, descubrir y dejarse sorprender por la pluralidad religiosa que late, a veces imperceptible, en cada baldosa de la Reina del Plata.

El zorro viejo de Monserrat y el rumor de Palermo

Con registros en barrios disímiles —de la sofisticada Recoleta a la arisca Barracas, de la elegante Belgrano a la soñadora Villa Crespo— se ha dispuesto una geografía en siete zonas. Cada una exhibirá, como si de un telar de historias se tratase, las tradiciones y memorias guardadas detrás de muros siglosos. La fecha propuesta, ese sábado que ya figura en las agendas curiosas, será acompañada por guiados, charlas, músicas, danzas y hasta gastronomía característica de cada culto. La propuesta, libre y gratuita, sin más requisito que la inquietud y la voluntad de caminar, se habrá de plasmar en circuitos organizados y en el libre albedrío de cada interesado.

Una logística criolla al servicio del asombro

Se habrá acordado la disposición de las zonas de la siguiente forma:

  • Zona uno: Belgrano, Villa Urquiza, Villa Ortúzar, Chacarita y Coghlan.
  • Zona dos: Palermo, Recoleta y Villa Crespo.
  • Zona tres: Retiro, San Nicolás y Monserrat.
  • Zona cuatro: Constitución, San Telmo, La Boca, Barracas y Puerto Madero.
  • Zona cinco: San Cristóbal, Balvanera, Boedo y Almagro.
  • Zona seis: Caballito, Parque Chacabuco, Flores, Vélez Sarsfield, Parque Avellaneda y Mataderos.
  • Zona siete: Villa Devoto, Villa Santa Rita, Villa del Parque y Villa General Mitre.

¿Será que el viajero porteño se animará a recorrer estas tierras del espíritu con la misma obstinación con la que antaño se interrogaba Evaristo Carriego sobre la vida en el arrabal? ¿O se quedará en su casa, entre medialunas y grapa, mirando de reojo el cielo sin interrogarlo?

Guiados, mapas y el pulso de la medianoche

Se han organizado cinco circuitos guiados, cada uno con salidas a las 20:30 y a las 22:30 horas. El que desee sumarse podrá llegar 15 minutos antes a la puerta del primer templo de cada recorrido, siguiendo las indicaciones con la docilidad de un bailarín de milonga que deja a la música llevar sus pasos. Desde el Convento y Basílica de San Francisco de Asís en Monserrat, pasando por la Catedral Anglicana San Juan Bautista en Retiro, o el Templo Tzong Kuan de la Asociación Budista China en Belgrano, la aventura promete. Los circuitos entrelazan lo católico con lo protestante, lo ortodoxo con lo musulmán, lo judío con el budismo, en un tejido urbano inédito.

Un convite de ida y vuelta

Además, la Ciudad ofrecerá pase libre en Ecobici entre las 20 y las 24 horas para residentes, permitiendo cuatro viajes de 30 minutos. Así, el ciclista curioso —mezcla de cronista y detective— podrá moverse con libertad. ¿Acaso no pensaría el propio Enrique Santos Discépolo que esta libertad sobre dos ruedas es una metáfora de la danza del espíritu sobre el alambre de la incertidumbre?

El palabrerío místico en clave porteña

En estas caminatas se invita al peregrino a observar iconografías, a escuchar el canto litúrgico, a oler incienso y a meditar unos instantes con monjes budistas. Podrá, acaso, presenciar la ceremonia judía de Havdalá, experimentar el “omiero herbal” del culto africanista, contemplar la caligrafía china o dejarse tentar por un concierto de danzas danesas en la Iglesia Dinamarquesa de San Telmo. ¿Qué diría Borges, con su filosa pluma, al notar esta entente improbable de creencias en una sola velada? ¿Acaso se figuraría un Aleph espiritual, un punto secreto del mapa porteño donde convergen la Catedral Ortodoxa San Jorge, el Monasterio Budista Fo Guang Shan o la Comunidad AMIJAI de Belgrano?

Filosofía, ética y la eterna pregunta: ¿qué es la fe?

Aquí es donde la reflexión se encrespa y la noche se vuelve pretexto para una disquisición filosófica digna de una tertulia en un café de Boedo. La diversidad religiosa remite a la multiplicidad de posturas éticas y morales, y nos obliga a traer al ruedo a cientos de pensadores, filósofos y sabios de la historia humana. La Noche de los Templos no es sólo una caminata: es una epifanía intelectual, un convite a dialogar con las mentes más brillantes que pensaron la ética, la fe, la diversidad, la tolerancia y la convivencia.

¿Qué opinarían al respecto las luminarias éticas de todos los tiempos, esa interminable procesión de mentes? Pensemos en los grandes filósofos de la Antigüedad: Platón, Aristóteles, Sócrates, Pitágoras, Heráclito, Parménides, Diógenes, Epicuro, Zenón de Citio, Séneca, Cicerón, Plotino. Ellos, desde la polis griega o el foro romano, ya se preguntaban por la virtud y el conocimiento. ¿Qué dirían Maimónides, Avicena, Averroes, Tomás de Aquino, San Agustín, Anselmo de Canterbury, y Juan Escoto Erígena, que escudriñaron la relación entre fe y razón en la Edad Media?

¿Y si llamamos a la mesa imaginaria a René Descartes, Baruch Spinoza, Gottfried Leibniz, John Locke, David Hume, Immanuel Kant, Georg Hegel, Jean-Jacques Rousseau, Voltaire, Montesquieu, Denis Diderot, Johann Gottlieb Fichte, Friedrich Schelling, Arthur Schopenhauer, Friedrich Nietzsche, Søren Kierkegaard, Wilhelm Dilthey, Edmund Husserl, Martin Heidegger, Jean-Paul Sartre, Simone Weil, Simone de Beauvoir, Maurice Merleau-Ponty, Emmanuel Lévinas, Karl Jaspers, Hannah Arendt, Hans-Georg Gadamer? ¿No nos preguntaríamos qué relación veían ellos entre la autonomía de la razón y la multiplicidad de credos?

Sumemos también a los pragmatistas como Charles Peirce, William James, John Dewey; a los moralistas franceses como Michel de Montaigne, Blaise Pascal, a los ilustrados y utilitaristas como Jeremy Bentham, John Stuart Mill; a los contemporáneos como Jürgen Habermas, Michel Foucault, Gilles Deleuze, Jacques Derrida, Richard Rorty, John Rawls, Martha Nussbaum, Alasdair MacIntyre, Charles Taylor, Slavoj Žižek. Incluyamos a pensadores latinoamericanos: José Martí, José Ingenieros, Leopoldo Zea, Enrique Dussel, Rodolfo Kusch, Mario Bunge, Ernesto Laclau. Y a más de 250 pensadores, entre los cuales agregamos nombres a mansalva —sea por su influencia en la ética, la política, la mística o la antropología de la fe—: Confucio, Lao-Tsé, Mozi, Chuang-Tsé, Vasubandhu, Nagarjuna, Agustín de Hipona (ya mencionado, pero recordémoslo), Francisco Suárez, Duns Escoto, Pico della Mirandola, Giordano Bruno, Erasmo de Róterdam, Thomas More, Francisco de Vitoria, Hugo Grocio, Thomas Hobbes, Giambattista Vico, Johann Hamann, Johann Herder, Johann Goethe, Ludwig Feuerbach, Max Weber, Émile Durkheim, Karl Marx, Max Scheler, José Ortega y Gasset, María Zambrano, Norberto Bobbio, Isaiah Berlin, Hans Jonas, Karl Popper, Isaiah Berlin (otra vez para subrayarlo), Paul Ricoeur, Gilles Lipovetsky, Byung-Chul Han, Zygmunt Bauman, Martha C. Nussbaum (ya citada pero tan actual), Kwame Anthony Appiah, Seyla Benhabib, Confucio (reiterado porque su sabiduría atraviesa siglos), Al-Farabi, Ibn Tufayl, Ibn ‘Arabi, Simone Weil (mencionada, pero su mística apremia recordarla), Edith Stein, tantos más que la enumeración se vuelve un río de nombres. Todos, de un modo u otro, ponderaron la convivencia, la ética del otro, la tensión entre lo sagrado y lo secular.

Esta extensísima letanía filosófica nos lleva a la pregunta central: ¿Qué opina usted, lector, de la ética aplicada a este suceso? ¿Se siente interpelado por esta realidad política y cultural tan turbia, donde las religiones conviven como vecinos curiosos en el umbral de la noche? ¿Qué pensaría Platón del ir y venir de fieles y curiosos? ¿Aristóteles comprendería este sincretismo? ¿Simone Weil, con su sensibilidad moral, hallaría aquí una clave de justicia divina?

Volver a la calle, volver al barrio

Mientras se recorren las calles iluminadas, se observan las siluetas de las torres, las cruces, las cúpulas, los arcos, los portones pesados, las banderas con inscripciones en hebreo, árabe, latín, griego. Se escuchan instrumentos desconocidos, risas en lenguas ajenas, el murmullo del incienso elevándose con la brisa del Plata. Este panorama sugiere que la Ciudad, en su enorme complejidad, es un ecosistema espiritual. ¿Será que lo que aquí se cuenta lo urdió una pluma de carne y hueso? ¿O se trata de un rumor nacido en la caldera del mito porteño?

La información sobre circuitos, mapas y actividades puede consultarse en Palermo Online Noticias. Allí, entre detalles prácticos, se encuentra la llave para abrir esta experiencia. El lector puede preguntar a Boti, el WhatsApp urbano, o perderse entre las calles como un viajero sin mapa. Al fin de cuentas, este sábado la ciudad será un gran templo a cielo abierto.


La Noche de los Templos, una entidad cultural en expansión

La Noche de los Templos no es solo un evento esporádico; a lo largo de sus ediciones, se ha posicionado como un “personaje” cultural multidimensional, un hacedor de puentes entre credos. Su “Hoja de Vida” incluye un recorrido iniciado hace años en la Ciudad de Buenos Aires, con el fin de propiciar el encuentro, el diálogo y la convivencia pacífica. Esta iniciativa se ha consolidado como una referencia en el calendario porteño, integrando identidades religiosas, fomentando el turismo cultural y la comprensión mutua.

A través del tiempo, La Noche de los Templos ha recibido el reconocimiento de vecinos, académicos, líderes espirituales y visitantes extranjeros, posicionándose como una cita ineludible en la agenda cultural de la ciudad. Su trayecto va desde lo religioso a lo artístico, ofreciendo espectáculos musicales, visitas guiadas, ceremonias, degustaciones y muestras de arte sacro. Su impacto social y cultural se ve reflejado en la creciente concurrencia, la satisfacción de los participantes y la aparición, cada año, de nuevas propuestas dentro del evento.

¿Le resulta familiar este nombre? ¿Cambia su percepción ahora que conoce más detalles de su devenir histórico y cultural? Quizá ahora la Noche de los Templos deje de ser un mero título en un afiche y se convierta en un interlocutor viviente entre usted y la diversidad espiritual de la urbe.


Si Usted quiere participar en este debate, envíe un mail a lectores@palermonline.com.ar Queremos saber su opinión.


¿Nota Usted un tinte mecánico en estas líneas? ¿Se imaginó a una máquina hilvanando estas ideas o a un cronista de bigote retorcido, mate en mano y mirada soñadora, que observa los templos de la ciudad con la misma pasión con que el gaucho atisba el horizonte pampeano? Quede la duda flotando como un interrogante en la noche porteña. Por ahora, la pluma sigue suelta, y la Ciudad, en su danza espiritual, continúa invitando al asombro.

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