Monumentos del barrio. El sueño del lector. El anhelo de su creador y la indiferencia como respuesta.

La multifacética creación que buscaba apelar al interés del público por la obra plástica y literaria nacional, fue víctima de la desidia del Gobierno de la Ciudad.

Ubicada en la plaza Parques Nacionales Argentinos, Sucre y Figueroa Alcorta hay una gigantesca cabeza recostada ¿Pero qué representa y de donde salió? Era originalmente una escultura con instalación lumínica y sonora. Su creador, el escultor Pablo Irrgang, había soñado con una obra que se refiriera a la mayor cantidad de público posible. Quería producir algo que homenajeara a los referentes de la literatura argentina y que a la vez estimulara al observador a abocarse a la lectura y las artes plásticas.

Pablo cuenta que la idea vino a él cuándo realizó en 2009 la Mafalda que se encuentra sentada en un banco en la esquina de Chile y Defensa, a metros de la que fue la casa de Quino, en San Telmo. El Gobierno de la Ciudad, que le había encargado la figura de la amada personaje, le comentó que estaba interesado en una obra tributo a escritores y escritoras de nuestro país. El proyecto quedó en pausa hasta el 2015, cuando logró volver a darle impulso. En el plan original, trazado por Pablo lo visual corresponde a la cabezota acostada, lo sonoro a grabaciones de audio de las voces de autores leyendo sus textos, y lo visual aparecía durante la noche, se iluminaba desde adentro porque está hecha de un epoxi que es traslucido. También invita a descubrirla por el recorrido a su alrededor, ya que incluye referencias y alegorías en formato de tipografía, escena y texto. Si bien desde lejos lo obvio es que se trata de una cabeza, de cerca se aprecian grabados y esculturas diminutas que reposan sobre ella.

Estos audios, que el público podía escuchar sentado en el banco que se encuentra detrás, incluían a autores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Oliverio Girondo, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik y Rodolfo Walsh. Sonaban todo el día a través de unos parlantes ocultos a un volumen solo perceptible para quien tomara asiento en la banca. Además cada audio contenía al inicio una breve introducción que incluía nombre del autor, la fecha de publicación y el título de la obra; y estaba la posibilidad de actualizar las pistas grabadas para agregar autores.

La realidad jugó en contra, permaneció tapiada durante un año, hasta noviembre de 2016 cuando finalmente le dieron electricidad. La obra funcionó con todas sus facetas solo por tres meses, periodo en el que tuvo mucha popularidad. Pero Edenor la desconectó de la red eléctrica porque el Gobierno de la Ciudad se había colgado de la luz para inaugurarla. En la actualidad permanece solo a medias, lo estructural resiste, pero el audio y la luz interior se apagaron. Pablo reclamó numerosas veces pero no ha obtenido respuesta. La oscuridad en la que se ve envuelta El Sueño del Lector cuando cae el sol la ha dejado vulnerable a vandalizaciones.