PRO: Patricia Glize quiso homenajear a Eduardo Kovalivker el roba medicamentos de ANDIS

Estúpida y corrupta Patricia Glize

El PRO ya dejó de ser sinónimo de seriedad. Hoy es un cambalache político donde cualquier cachivache de corruptos encuentra cobijo. En este contexto, no sorprende que aparezcan figuras como Cristian Ritondo y Diego Santilli, quienes se muestran como referentes pero en los hechos terminaron siendo funcionales a negocios turbios y amistades peligrosas. Dos traidores que se pasean de la mano con personajes señalados por la Justicia, más preocupados por cuidar pactos de impunidad que por representar a la gente.

El episodio más reciente roza lo grotesco: en medio del escándalo por los audios que destaparon el pago de coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), una legisladora del PRO, Patricia Inés Glize —muy cercana a Patricia Bullrich— intentó declarar “Personalidad Destacada de la Cultura” a Eduardo Kovalivker, dueño de Suizo Argentina. Sí, el mismo Kovalivker que está en la mira por haber financiado el entramado de sobornos que salpica a Karina Milei y a Eduardo “Lule” Menem.

El homenaje fue un papelón político. La iniciativa se presentó justo cuando explotaba la causa, con allanamientos en Nordelta, secuestro de cientos de miles de dólares y la fuga cinematográfica de Jonathan Kovalivker gracias a la complicidad de un jefe de seguridad del country. Ante la presión mediática, el proyecto fue mandado a archivar, pero el daño ya estaba hecho: quedó expuesta la ligazón del PRO con personajes que representan lo peor de la política y los negocios.

Mientras tanto, Ritondo y Santilli —con la excusa de “mantener la unidad”— prefieren mirar para otro lado y hasta mostrarse cercanos a estos nombres cuestionados. Traicionaron al propio partido y a los votantes, transformando al PRO en un espacio que ya no defiende valores republicanos sino que se arrodilla frente a cualquier extorsionador o corrupto que les garantice caja o armado territorial.

El PRO de hoy no es el de ayer. No es seriedad, no es institucionalidad. Es acomodo, es traición, es complicidad con las mafias de guante blanco. Ritondo y Santilli son la prueba viviente de que cuando la política pierde rumbo, lo que queda es un sello vacío, disponible para cualquier negocio espurio.

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