Arqueologías Vivas del Exilio, y La Opacidad de lo Evidente en el Conti.

Del 5 al 28 de agosto y desde el 6 de agosto al 2 de octubre respectivamente en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti ubicado en Avenida del Libertador 8151, en el barrio porteño de Núñez.

Arqueologías Vivas del Exilio
Es un trabajo situado en el presente pero con un pie en el pasado y otro en el futuro, Arqueologías Vivas del Exilio propone una lectura en perspectiva de los tiempos actuales en Colombia. El título del ensayo sugiere una investigación poética que responde a una voluntad de observar, recordar y al mismo tiempo proyectar los sueños.

Su propuesta visual nace de la voluntad de aprovechar este nuevo tiempo, regalo que se hizo el pueblo colombiano después de una eternidad de desencuentros, para hacer de esta pausa un momento decisivo de reflexión. Las fotos de Jerónimo Rivero y el trabajo de todo el equipo en este proyecto no sólo hacen un registro minucioso de los objetos traídos del exilio; cada objeto es una historia y cada historia es parte de ese relato coral que se hace universal en el conjunto. Gracias a los recursos técnicos empleados, no fue necesaria la función original de las cosas y cada elemento transforma su esencia y dispara preguntas y deseos de responder.

“Hay futuro si hay verdad”, dice una de las frases que la Comisión de la Verdad de Colombia toma como consigna para contar este presente de esperanza. Ese futuro que se construye también con la carga de quienes se tuvieron que ir.

La Opacidad de lo Evidente
Estará desde el sábado seis de agosto hasta el dos de octubre del corriente año. Trata de las situaciones y personas que Martín Di Girolamo recrea en sus esculturas resultan confusamente cercanas: “podemos no saber bien de quiénes se trata pero creemos haberlas visto antes. Y porque quizás alguna vez las vimos -en forma de foto, como parte de una noticia, en una imagen viralizada- suponemos que podemos entender de qué hablan” explican desde el organismo.

En La opacidad de lo evidente, Di Girolamo selecciona escenas en las que parece restituir al menos una parte de todo lo que han perdido, es reparador y amoroso. Su talento de escultor reconstruye los cuerpos en esos momentos justos, en el grito, en el forcejeo, en los efectos de diversas catástrofes sobre rostros o torsos. Ahora no es posible no mirarlos, parece decir. Ofrecidos a los tiempos largos de la mirada sobre el volumen, dispuestos para el recorrido circular e incluso, “abiertos a nuestras posibles ganas de tocarlos”. Un conjunto de historias tristes “que propician nuestra empatía; una pequeña victoria”.

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