Colegiales que se despierta temprano
Colegiales que se despierta temprano: ¿al pedo pero temprano?
En el barrio de Colegiales, donde la costumbre de madrugar nunca se negoció, la media sanción al proyecto de Julio Cobos para atrasar una hora los relojes volvió a encender la discusión de café de esquina: ¿qué hacemos levantándonos a oscuras como si fuésemos mineros del carbón?
La Cámara de Diputados aprobó con 151 votos a favor el cambio de huso horario en todo el país, retrasando una hora el reloj oficial para ajustarlo a la luz solar. La medida busca sincronizar la vida diaria con la naturaleza y, de paso, ahorrar energía.
El trasfondo histórico
Argentina no siempre fue país de relojes adelantados. Allá por 1920 se adoptó el huso horario -04 GMT, el que geográficamente corresponde a casi todo el territorio nacional. Pero la ansiedad modernizadora nos fue corriendo el reloj: en los años sesenta quedó fijo en -03 GMT, donde todavía seguimos. Desde entonces, cada tanto volvía el “horario de verano”, una jugada que siempre levantó broncas porque hacía que la gente saliera a trabajar antes que el sol.
En Colegiales, más de un jubilado recuerda esos vaivenes: “Nos cambiaban la hora como si fuéramos muñecos, y uno ya no sabía si almorzar a la una, a las dos o a las tres”.
La apuesta de Cobos
Julio Cobos argumentó que la educación es la principal damnificada: los chicos entran a la escuela todavía de noche, con frío y sueño, lo que afecta el rendimiento. Además, el CONICET calculó que con el huso -4 el consumo eléctrico en las aulas podría bajar de 104,3 kWh a 59,7 kWh.
Para los comerciantes, el cambio también traería alivio: mejor coordinación con Brasil y el Mercosur, menos lío bancario y logístico, y más orden en las transacciones internacionales.
El humor de Perón en clave barrial
Alguna vez Perón dijo aquello de que los argentinos éramos expertos en “levantarnos temprano, al pedo pero temprano”. En Colegiales, donde los bares abren cuando todavía la panadería no sacó las primeras medialunas, la frase cobra nueva vigencia. ¿De qué sirve amanecer a las cinco y media, si afuera todavía reina la noche cerrada y el colectivo tarda media hora en arrancar?
La vecina Marta, que barre la vereda de Freire todas las mañanas, lo dice sin rodeos: “Con este horario nos levantamos como gallinas pero sin sol. Que lo cambien de una vez, así no me gasto la lámpara a las seis de la mañana”.
Impacto en la vida cotidiana
El cambio significaría que, en lugar de arrancar el día en tinieblas, muchas rutinas se ajusten a la salida natural del sol. Habrá que acostumbrarse, sí, pero especialistas dicen que esa especie de “jet lag social” que sufrimos desde hace décadas podría mejorar con un horario más lógico.
En el barrio de Colegiales, donde el reloj lo marcan las campanas de la iglesia de la Inmaculada Concepción y el ruido del tren Mitre, el ajuste sería casi un regreso a lo natural. La vida volvería a girar en torno a la luz del sol, como en los tiempos en que no había LED ni celular que nos encandilara la madrugada.
El Congreso movió la aguja del reloj, pero la pregunta es otra: ¿nos animaremos los argentinos a mover también nuestras costumbres? ¿O seguiremos madrugando como decía Perón, “al pedo pero temprano”?