Día del Niño 2025: el boom de las figuritas y el álbum que vuelve con todo

El regreso del juego físico, la emoción de completar un álbum y el ritual colectivo que emociona a chicos y grandes.

En este Día del Niño, algo se está pegando fuerte. Y no es un sticker cualquiera: es la vuelta del juego que une generaciones, que se comparte en la vereda, en la plaza o en la mesa de la cocina. En tiempos de pantallas infinitas y scrolls sin alma, las figuritas vuelven a marcar tendencia, y no solo entre los más chicos. Los álbumes coleccionables se convirtieron en un fenómeno social, emocional y cultural, que atraviesa edades, géneros y clases sociales.

De los muñecos al álbum: qué eligen hoy los chicos

La pregunta no es solo qué quieren de regalo, sino cómo eligen jugar. Y ahí aparece el giro: más que juguetes individuales, hoy los chicos eligen juegos compartidos. El acto de coleccionar —sea Pokémon, Bluey, MrBeast o algún universo nuevo— se volvió una forma de identidad, pertenencia y expresión.

No se trata solo de pegar figuritas: se trata de organizar, cambiar, negociar, descubrir, esperar. Se trata de paciencia en tiempos de inmediatez. Y, sobre todo, se trata de construir un mundo propio, página a página.

“El álbum es como un espejo de la infancia. Lo que uno colecciona dice mucho de lo que sueña, de lo que le importa, de lo que le emociona”, dice Cristina “En cada sticker hay un deseo de completar algo, de lograr una meta, de contar una historia”.

El juego que se hereda

Quienes crecieron con álbumes de fútbol, de Disney o de dinosaurios, lo saben: nunca se olvida el día en que uno completó el álbum. Es un rito iniciático, casi un diploma emocional de la infancia. Hoy, las marcas lo saben y lo resignifican: muchos álbumes actuales están pensados para incluir también a los padres o hermanos mayores. Porque, seamos sinceros, nadie se resiste a una figurita difícil.

Además, el formato físico del álbum es un oasis en medio del ruido digital. Tocar, mirar, ordenar y pegar tiene algo profundamente humano. Algo que no se puede reemplazar con un swipe. Y eso, en la infancia, vale oro.

¿Qué dicen las figuritas del universo interior de cada niño?

Como bien explica Caffaro, cada juguete, cada objeto elegido, es un mensaje. Lo mismo vale para las figuritas: el que colecciona Pokémon, probablemente disfruta de la estrategia y el universo expansivo; el que busca completar Gabby’s Dollhouse, encuentra magia, ternura y fantasía en la narración.

Y, en ese sentido, el álbum es una radiografía emocional. Una forma de leer la personalidad del niño a través de sus elecciones.

Los preferidos del 2025

Gabby’s Dollhouse: ideal para niños y niñas que aman crear historias mágicas, suaves y entrañables. Cada sticker es una escena, un personaje, una chispa de ternura.

Bluey: perfecto para quienes encuentran en lo cotidiano un mundo entero. Las figuritas de Bluey permiten revivir escenas familiares, juegos simbólicos y afectos cotidianos.

Monster Jam: pura adrenalina. Pegado a quienes disfrutan de la acción, los motores y las hazañas imposibles. El álbum se vuelve una pista de carreras emocional.

Squishmallows: suaves, coleccionables y afectivos. Las figuritas son mini postales del universo tierno, ideal para quienes encuentran seguridad en el apego emocional a los objetos.

MrBeast Lab: para mentes creativas y curiosas. Los stickers de este universo representan desafíos, experimentos y humor. Jugar con lo nuevo y lo viral.

Pinypon Top: diseño, moda y música. Cada sticker es una escena de estilo. Ideal para pequeños creativos con gusto por la estética y lo armónico.

Pokémon: un clásico que no pasa de moda. El coleccionismo puro, con estrategia, memoria y conexión con una historia que siempre crece.

¿Por qué vuelve la moda de las figuritas?

Porque el ritual tiene algo de mágico. El sobre cerrado, la emoción de abrirlo, el grito de “¡me salió!” o “¡la tengo repetida!”, el cambio justo con un amigo. Es una coreografía colectiva que enseña a esperar, a negociar, a valorar lo que se consigue. Y que, en el fondo, construye comunidad.

Las figuritas son, también, un antídoto contra el individualismo de las pantallas. Son un juego cara a cara. Una excusa para hablar, para encontrarse, para compartir.

Jugar para conocerse

En el fondo, el juego sigue siendo la mejor forma de comprender a los chicos. Observar qué eligen, cómo lo usan, con quién lo comparten, es una puerta abierta a su mundo interno.

Y si ese juego incluye un álbum, mejor. Porque ahí no solo se pega una figurita: se construye una historia.


¿Y vos? ¿Qué figurita te marcó la infancia? ¿Con qué álbum volviste a emocionarte?