Roberto García Moritán, un fracasado de Jorge Macri: Ahora internado en un centro de rehabilitación

Roberto García Moritán, un fracasado de Jorge Macri: Ahora internado en un centro de rehabilitación

La reciente noticia de que Roberto García Moritán se autointernó en un centro de vida sana en Entre Ríos, tras su mediática separación de Carolina Pampita Ardohain, reavivó el debate sobre su paso por la Secretaría de Desarrollo Económico porteña. Ahora que se lo ve desconectando en Puiggari, en un centro conocido por recibir a personajes como Chano Charpentier y Diego Maradona, queda una duda al aire: ¿qué vio Jorge Macri en este hombre para confiarle una responsabilidad tan crucial para los porteños?

La elección de Moritán al frente de una cartera tan significativa como la del Desarrollo Económico fue, desde el principio, un movimiento polémico. Y no solo por su perfil mediático, que lo puso más en la farándula que en la gestión. El tipo arrastraba cuestiones personales que, sin duda, afectaron su capacidad para manejar una ciudad con las complejidades de Buenos Aires. Es casi un misterio cómo alguien con tanta exposición pública y tantas dificultades internas pudo ser considerado como la persona adecuada para liderar el crecimiento económico de la capital.

Durante su gestión, los resultados brillaron por su ausencia. La ciudad no vio mejoras palpables bajo su mando, y las recurrentes crisis económicas que atravesó no encontraron soluciones estructurales de su parte. ¿Qué clase de liderazgo económico se puede esperar de alguien que, en plena gestión, se distrae con los flashes y eventos sociales en lugar de enfocarse en generar políticas sólidas? Su figura pública fue siempre más mediática que técnica, algo que no pasó desapercibido por los porteños.

En términos filosóficos, podríamos hablar de una cuestión de ethos en la política: si el dirigente no demuestra coherencia en su vida personal, ¿cómo puede esperarse que actúe con ética y seriedad en su vida pública? El pensamiento de Aristóteles sobre la areté nos recuerda que la excelencia no es un acto, sino un hábito, y en el caso de Moritán, la falta de compromiso con su rol de servidor público es evidente. Un error de cálculo de Jorge Macri, sin duda, que parece haber basado su decisión más en el perfil mediático que en la idoneidad para el cargo.

Desde el punto de vista económico, la Secretaría de Desarrollo es clave para el crecimiento de cualquier ciudad, pero bajo Moritán, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no mostró signos de avance. Ni los indicadores económicos mejoraron, ni se implementaron políticas de largo plazo que generaran un verdadero desarrollo. Su gestión fue, en definitiva, más ruido que nueces.

Este fracaso no solo evidencia los problemas de la gestión de Macri, sino también la realidad de una política porteña que parece, cada vez más, enfocarse en nombres conocidos por la farándula en lugar de apostar por profesionales con verdadero conocimiento técnico y visión estratégica. La política, tal como lo sugieren los principios de la ética universal, no debe ser vista como una plataforma para alimentar egos ni un trampolín social, sino como una herramienta para el bienestar colectivo.

En definitiva, Jorge Macri apostó por una figura con más cartel que contenido, y los resultados están a la vista.

¿Cómo puede gestionarse el desarrollo económico de una de las ciudades más importantes del país cuando quien lidera el cargo está más preocupado por su imagen personal que por los números y las políticas que afectan a millones?