Un ministro del Interior que llega tarde, cuando el barco ya se hundió

Un ministro del Interior que llega tarde, cuando el barco ya se hundió

Nombrar un ministro del Interior después de casi dos años de gestión es un gesto que, lejos de transmitir fortaleza, desnuda la debilidad absoluta de un gobierno que ya perdió el timón. Lisandro Catalán fue designado en ese sillón clave como si fuera la carta salvadora, pero en realidad se trata de otro funcionario de cartón pintado, un burócrata reciclado para maquillar un final anunciado.

Guillermo Francos, jefe de Gabinete con fama de payaso desganado que cortó el Wi-Fi con los gobernadores, intentó venderlo como la llave del “diálogo federal”. Pero los mandatarios provinciales ya no compran espejitos de colores: saben que el gobierno libertario está terminado y que las decisiones las sigue tomando, en la sombra, Karina Milei.


Un contexto de derrota irremontable

La foto es lapidaria: en la provincia de Buenos Aires, la Libertad Avanza perdió por la friolera de 1 millón y medio de votos de diferencia. Esa herida política no cicatriza, ni siquiera con el maquillaje de mesas de diálogo improvisadas. La política no se repara con un decreto de nombramiento ni con un tuit del Presidente diciendo “Mesa federal conformada”.

En cualquier manual de la rosca criolla, un ministro del Interior se nombra al inicio de una gestión, para ordenar la tropa, negociar con las provincias y aceitar el engranaje de poder. Nombrarlo ahora es como ponerle un timón nuevo a un barco que ya se hundió.


Gobernadores incrédulos y la farsa del “federalismo”

Los gobernadores no sólo miran con desconfianza: directamente se burlan del gesto. Le piden a Milei que no vete los fondos de ATN ni la emergencia en el Garrahan. Reclaman hechos, no tuits. Y saben que Catalán no tiene ni la muñeca ni el peso político para torcer nada.

Y hay algo peor: los gobernadores no quieren hablar más con giles ni emisarios. No quieren sentarse con Francos, ni con Catalán, ni mucho menos con Karina Milei. Quieren hablar con el Presidente. Pero Javier Milei es incapaz de hilar cinco palabras coherentes frente a los mandatarios provinciales sin la tutela de su hermana. Ese es el verdadero problema: un jefe de Estado que no puede ejercer como tal.


Catalán: un “flamante” bueno para nada

La prensa oficialista lo presenta como “flamante”. En realidad, es otro cuadro menor reciclado, un funcionario gris que estuvo de vicejefe en el mismo ministerio y que ahora sube de categoría como quien hereda un puesto vacío. No tiene trayectoria propia, no tiene poder real, y mucho menos carisma para convencer a provincias que ya decidieron cortar la relación con el experimento libertario.

Catalán no es la solución, es la prueba del fracaso. Es el espejo donde se refleja un gobierno que se quedó sin figuras, sin relato y sin aire.


El final de un ciclo

Ni Francos ni Catalán ni el coro de ministros decorativos podrán revertir lo que ya se sabe: el gobierno de Milei entró en tiempo de descuento. Lo sostienen las encuestas, lo confirman las urnas y lo huelen los gobernadores que ya arman su propia liga peronista para reemplazarlo.

Palermo Online lo dice claro: el nombramiento de Catalán no es un gesto de poder, es un certificado de defunción política.


Palermo Online como juez, este cronista como fiscal y vos, lector, como jurado: ¿cuánto más puede durar un gobierno cuyo Presidente no puede hablar cara a cara con los gobernadores sin la mano de su hermana sobre el hombro?

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