El apretón monetario acorrala a los bancos y alimenta la tensión con el Gobierno

El Gobierno volvió a tensar la cuerda con el sistema financiero. El Banco Central elevó los encajes bancarios al 53,5%, el mayor nivel en casi cuatro décadas, y habilitó que se integren con bonos del Tesoro. La medida, diseñada para asegurar la licitación de esta semana, reavivó la pelea con los bancos y encendió las alarmas sobre el impacto en la economía real.

Encajes récord y crowding out

La decisión implica que, de cada $100 que reciben las entidades financieras en depósitos, más de $50 deben quedar inmovilizados. Parte de esa exigencia ahora puede cubrirse con títulos públicos, lo que en la práctica obliga a los bancos a destinar liquidez a financiar al Estado. El fenómeno, conocido como crowding out, desplaza al sector privado del crédito y refuerza la dependencia del sistema bancario hacia el Tesoro.

Desde el Gobierno se insiste en que la maniobra busca “ordenar la liquidez” y evitar que los pesos presionen sobre el dólar en un escenario de extrema volatilidad. Pero en la city la lectura es otra: la suba de encajes funciona como un cerco que restringe la rentabilidad y fuerza a los bancos a sostener una política fiscal que se quedó sin crédito genuino.

Los bancos, entre la espada y la pared

La reacción en las entidades financieras fue inmediata. Tesoreros de bancos internacionales reconocieron que la medida afecta la rentabilidad y limita aún más la capacidad de otorgar préstamos al sector privado. Con la demanda interna debilitada y las supertasas de referencia en niveles récord, la única salida que queda es aceptar el juego y canalizar los fondos hacia el Tesoro.

En grupos de la city, la ironía comparó la situación con la vieja idea de la “Banca Simons”, aquella en la que los encajes equivalen al 100% y no existe creación secundaria de dinero. Aunque el paralelo no es exacto, sirve para graficar la magnitud del fastidio que generó la decisión.

La licitación bajo presión

El trasfondo inmediato es la licitación de deuda de este miércoles, en la que el Tesoro debe renovar vencimientos por alrededor de $9 billones. El lunes, el Gobierno alivió parcialmente el cronograma al canjear $4,5 billones con el propio BCRA, pero aún resta asegurar el resto. El objetivo es que no queden pesos sueltos en el mercado que puedan fugar hacia el dólar.

La estrategia oficial combina un apretón monetario inédito y la promesa de que, tras las elecciones, se abrirá una etapa de mayor estabilidad. Sin embargo, la experiencia reciente con la eliminación de las LEFIs y la disparada de tasas duplicadas en cuestión de semanas alimenta la desconfianza.

Más política que economía

Lo que queda claro es que la política monetaria se subordinó a la fiscal. El BCRA diseña las reglas para garantizar financiamiento al Tesoro, aún a costa de paralizar el crédito privado y poner en jaque la dinámica bancaria. La apuesta es contener al dólar y ganar tiempo hasta los comicios.

Pero la pregunta de fondo no es técnica sino política: ¿hasta cuándo los bancos estarán dispuestos a jugar el papel de prestamistas forzados de un Gobierno que improvisa a contrarreloj?