El Círculo Rojo no entendió nada, Milei y el regreso inesperado de Perón
Cuando los mercados aún no habían digerido la derrota libertaria en Buenos Aires y el Riesgo País superaba los 1.000 puntos, un murmullo recorrió las oficinas de Puerto Madero, los country clubs de Pilar y los palcos de la Rural: “El Círculo Rojo se equivocó”.
Durante meses, los empresarios más poderosos de la Argentina convencieron a propios y extraños de que Javier Milei era el elegido para ponerle el último clavo al cajón del peronismo. Confiaban en que el economista libertario sería la motosierra que por fin desguazaría al movimiento que dominó la política argentina durante más de setenta años.
Pero la historia argentina tiene un hábito tenaz: cada vez que intentan enterrarlo, Juan Domingo Perón resucita en forma de votos, de multitudes o de bronca popular. Y esta vez, desde la provincia de Buenos Aires, volvió a levantarse para dar un triunfo contundente al peronismo y dejar a los gorilas en orsai.
Quiénes son los dueños del Círculo Rojo
El llamado “Círculo Rojo” no es una entelequia. Son nombres y apellidos que dominan sectores clave de la economía y de la política de pasillo. Entre ellos:
- Paolo Rocca (Techint): dueño del acero y de las obras de infraestructura más grandes.
- Luis Pagani (Arcor): la góndola entera pasa por sus manos.
- Alfredo Coto (Coto Supermercados): controla parte del consumo masivo y maneja hilos con los sindicatos de comercio.
- Eduardo Elsztain (IRSA): el hombre de los shoppings, oficinas y tierras urbanas.
- Héctor Magnetto (Grupo Clarín): voz, imagen y relato de los poderosos.
- Marcos Galperin (Mercado Libre): la billetera digital del país y socio de la nueva élite tecnológica.
- Carlos Blaquier (Ingenio Ledesma, heredero del grupo azucarero): símbolo de la vieja oligarquía del norte.
- Gregorio Pérez Companc (Molinos Río de la Plata, energía y alimentos): discreto pero omnipresente.
- La familia Bulgheroni (Pan American Energy): el petróleo y el gas en el sur.
- Los Werthein (finanzas, telecomunicaciones, seguros): la mesa de dinero y poder blando.
- Cristiano Rattazzi (FIAT-Chrysler): exponente del empresariado industrial con nostalgia italiana.
- Los Eurnekian (Corporación América): aeropuertos, energía y medios.
Son ellos quienes definen reuniones, almuerzos discretos y líneas editoriales que influyen más que mil discursos de campaña. Ellos son el Círculo Rojo: empresarios que apuestan a caballos políticos según el humor del momento, convencidos de que manejan el timón de la historia.
La apuesta fallida
En 2023 y 2024, el Círculo Rojo había intentado sostener a Juntos por el Cambio. Pero con esa alianza estallada en mil pedazos, decidieron probar suerte con Milei. Lo miraban con desconfianza, pero se dijeron a sí mismos: “Lo importante es que frene al peronismo. Después vemos cómo lo controlamos”.
Le organizaron charlas, lo invitaron a foros, lo aplaudieron en la Bolsa y lo trataron como estadista en los diarios amigos. Milei era, para ellos, el ariete que terminaría con los sindicatos, con la política territorial y con el gasto público que, según su visión, alimentaba el monstruo justicialista.
Pero la gente en las urnas les mostró otra cosa: el peronismo, lejos de agonizar, revivió en Buenos Aires y dio una paliza electoral.
El muerto que habla
La metáfora no tardó en instalarse en cafés y redacciones: “El muerto se levantó del cajón”. Juan Perón, que parecía ser un fantasma del pasado, volvió en forma de voto castigo al ajuste y de rechazo a la frivolidad presidencial.
El error del Círculo Rojo fue creer que la política podía resumirse en planillas de Excel y almuerzos con periodistas amigos. No entendieron —una vez más— que el peronismo se mueve en las calles, en las fábricas y en los barrios donde las decisiones no pasan por balances trimestrales sino por la vida cotidiana.
Los gorilas que soñaron con el entierro definitivo de Perón terminaron asistiendo, incrédulos, a su resurrección.
Milei, de verdugo a cadáver político
La derrota en Buenos Aires fue más que un tropiezo: fue la confesión pública de que Milei ya no gobierna. El Presidente, que había prometido dinamitar el statu quo, terminó dinamitando la confianza de sus propios aliados empresarios.
Con Karina Milei enredada en un escándalo de corrupción en la ANDIS y un gobierno más ocupado en peleas de Twitter que en gestión, los grandes jugadores del poder económico ya buscan reemplazo. Como dijo un banquero en voz baja: “Si el tipo no llega al 26 de octubre con aire, tenemos que negociar con el que venga”.
El Riesgo País a 1.000 no es un índice frío: es un epitafio. Es el mercado diciendo que Milei, en términos políticos, es un cadáver.
Editorial: el Círculo Rojo no entendió nada
Los poderosos se equivocaron otra vez. Creyeron que la motosierra iba a clausurar la historia del peronismo. Pero la historia argentina es circular, como el mismo círculo rojo: cada vez que quieren bajarlo, Perón vuelve.
No entendieron nada porque miraron con soberbia. Se rieron de la liturgia, subestimaron a los barrios, despreciaron a los sindicatos y creyeron que un algoritmo podía reemplazar a la política real.
Hoy, con la derrota libertaria, se ven obligados a hacer fila para llamar a los mismos gobernadores, intendentes y dirigentes que quisieron jubilar. Como en un tango, la política argentina les recuerda que “siempre se vuelve al primer amor”. Y el primer amor del pueblo, mal que les pese, sigue siendo el peronismo.
Palermo Online, como juez, sentencia: el Círculo Rojo cavó su propia trampa. Pablo Editor, como fiscal, acusa: creyeron que enterraban a Perón, pero lo que enterraron fue su propia credibilidad.
El pueblo, como jurado, ya habló en las urnas: el muerto no estaba muerto, y desde el cajón se levantó para clavarle un triunfo demoledor a los gorilas que nunca entendieron nada.
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