El militante libertario Daniel Parisini, alias el “Gordo Dan”
Exclusivo: el monstruoso circo libertario quedó expuesto con el caso del Gordo Dan
el ataque del tuitero oficialista fue una consecuencia directa de la sesión en la Cámara Alta, donde la oposición se unió para rechazar el veto del presidente Javier Milei a la ley, con un resultado de 63 votos a favor de la ley y solo 7 en contra.
Tras la votación, en la que Juez se pronunció en contra del veto presidencial, Parisini lanzó su agresión en la red social X. “Luis Juez le acabó adentro a una mujer que no era su esposa y tuvo una hija. No se hizo cargo de la nena hasta que la justicia lo obligó. Y ahora la usa para hacer política poniéndole palos en la rueda al plan para sacar de la miseria a los argentinos del presidente Milei”, escribió el militante pro Milie.
Introducción
Lo que pasó anoche es el espejo más nítido de una cultura política que ya no tiene red, ni pudor, ni límites. El militante libertario Daniel Parisini, alias el “Gordo Dan”, vomitó en redes un ataque infame contra el senador Luis Juez y su hija con discapacidad. La monstruosidad fue tal que hasta el propio jefe de Gabinete, Guillermo Francos, se vio obligado a salir corriendo a despegar al Gobierno de semejante barbaridad.
Los libertarios, que se jactaban de ser los “defensores de la libertad”, terminaron siendo los verdugos del respeto más elemental. Y lo hicieron contra un tema sagrado: la discapacidad. Ahí se les cayó la careta.
El repudio oficial
Francos, con cara de “apagafuegos de turno”, declaró en televisión que lo de Parisini era “repudiable, fuera de lugar y una barbaridad”. Para salvar algo de dignidad institucional, llamó personalmente a Juez y le pidió disculpas. Hasta ahí, un gesto. Pero el daño ya estaba hecho: los monstruos que siguen al impresentable de Milei mostraron su verdadera cara, y fue la del odio puro.
“Él no tiene a nadie arriba de él, es independiente, no forma parte del gobierno”, repitió Francos, como queriendo sacarse de encima a un perro rabioso que se les escapó de la correa. Pero todos saben que el “Gordo Dan” es parte del ejército de tuiteros libertarios que funcionan como brazo digital del mileísmo.
El trasfondo político
El timing no fue casualidad. El senador cordobés Luis Juez había sido clave en la votación del Senado que le asestó a Milei una derrota histórica: el rechazo al veto presidencial sobre la ley de emergencia en Discapacidad. Una victoria de la oposición que dejó al oficialismo tambaleando.
La respuesta libertaria fue el ataque personal y salvaje. No debate, no argumentos, no política. Solo la cloaca digital. Y ahí está el verdadero monstruo: una tropa de fanáticos que, en lugar de hacer política, prefieren dinamitarla con insultos, amenazas y violencia simbólica.
Monstruos sin alma
Lo que duele no es solo el tuit en sí, sino lo que representa. Porque el “Gordo Dan” no es un caso aislado: es el síntoma de una militancia que aplaude a un líder que no gobierna, sino que improvisa entre barbitúricos y cadenas nacionales. Una militancia que no propone, sino que ataca. Que no construye, sino que destruye.
Estos son los monstruos que siguen al impresentable Milei: personajes que confunden libertad con impunidad, que creen que el coraje es insultar desde un teclado y que confunden crueldad con valentía.
Filosofía de cloaca
Como diría Nietzsche, “quien lucha con monstruos debe tener cuidado de no convertirse en uno de ellos”. Pero acá no hubo cuidado, hubo entrega total a la barbarie. El mileísmo se hunde en su propia ciénaga de odio.
El filósofo español José Ortega y Gasset decía que “la barbarie es la ausencia de normas para la convivencia”. Y eso es exactamente lo que vemos: un gobierno que, incapaz de dar respuestas, legitima a hordas digitales que se dedican a destrozar lo humano.
La cultura libertaria
La cultura libertaria, que nació prometiendo un país más libre, hoy se muestra peor que cualquier pesadilla: un monstruo colectivo sin alma, sin humanidad y sin respeto. El caso del “Gordo Dan” no es un error individual, es un síntoma político. Y la pregunta es clara: ¿hasta cuándo la sociedad va a tolerar que estos bárbaros dicten la agenda desde la cloaca?
En Palermo Online lo decimos claro: el juez es la calle, el fiscal es el periodista, y el jurado es usted, lector. ¿Qué dirá el veredicto?
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