Elecciones 2025: otra vuelta en la calesita de los boludos

El argentino promedio tiene una capacidad admirable para estrellarse siempre en la misma esquina. Parecen esos chicos que de chiquitos se comían las témperas y ahora, de grandes, votan con la misma lucidez. En 2023 les vendieron espejitos de colores con la furia del marketing libertario, y ellos, chochos, fueron a comprar como si estuvieran en el 2×1 del súper. Resultado: hoy están todos en la lona, el país prendido fuego y los mismos iluminados que festejaban al “león” ahora hacen cola para cambiar dólares como si fueran figuritas del Mundial.

El 7 de agosto cierra el plazo para anotar alianzas de cara a las elecciones del 26 de octubre. La Libertad Avanza ya se está abrazando con radicales y PRO en Mendoza, Chaco y Capital, y hasta negocia con Frigerio en Entre Ríos. O sea, los mismos de siempre pero con peluca violeta. Del otro lado, el peronismo anda hecho jirones, con Grabois queriendo jugar solo y los gobernadores armando su propio club de amigos para salvar sus bancas.

Y en el medio, el votante argentino, ese personaje que nunca defrauda: indignado en Twitter, llorando en el chino porque la leche cuesta un sueldo, pero listo para volver a votar a los mismos que lo empomaron. El país arde, la inflación los quema y ellos todavía creen que esta vez va a ser distinto.

¿Hasta cuándo vamos a seguir comprando espejitos de colores como si fuéramos indígenas del siglo XVI frente a los barcos europeos? ¿Cuántas veces más van a chocar la calesita hasta que entiendan que la calesita está en llamas? Porque no es que nos engañan: vamos derechito y con los ojos abiertos a votar al que mejor nos mienta.

El 26 de octubre no se define solo una elección: se define si vamos a seguir siendo un país de ingenuos funcionales o si, por una vez en la vida, la gente deja de actuar como si tuviera dos neuronas en huelga.