Expensas, canastas y callejón sin salida: la Argentina que Milei no te quiere mostrar


Con una suba del 52,8% interanual en las expensas y una canasta básica que ya pisa el millón, el votante libertario se enfrenta al espejo roto de su esperanza política.


Mientras Javier Milei vocifera su fe en el mercado como cura milagrosa, los ciudadanos de a pie lidian con una realidad que no encaja en sus gráficos libertarios. Las expensas en CABA aumentaron 52,8% interanual y una familia tipo necesita más de $1.128.000 para no ser pobre. La promesa de ajuste se volvió una fantasía cara. ¿Hasta cuándo se podrá sostener la ilusión?


Un país que se desangra en cuotas

CABA, julio de 2025. La noticia que nadie quiere leer pero todos intuyen en la cuenta bancaria: las expensas subieron un 4% en junio y ya acumulan un 52,8% de aumento interanual. El monto promedio mensual en la Ciudad de Buenos Aires trepó a $268.591, más de lo que gana un docente, más de lo que cobra un jubilado, más de lo que el votante promedio libertario quiere aceptar como parte del nuevo orden.

La inflación de junio fue de apenas el 1,6%, lo que para el Gobierno suena a éxito, pero en los bolsillos se siente como otra trampa. El problema es estructural: los precios esenciales, los que te hacen o no pobre, siguen subiendo muy por encima del “promedio estadístico”. Mientras el índice oficial sonríe, el portero pide aumento, el encargado reclama insumos y las expensas no perdonan.

Una distopía silenciosa: el consorcio como espejo del ajuste

El relevamiento fue realizado por ConsorcioAbierto.com, que trabaja con más de 12.000 edificios y dejó al descubierto la desproporción. Si en junio de 2024 la expensa media era de $175.727, hoy son $268.591. En un año, más de $92.000 de diferencia mensual. A eso sumale el alquiler, la cuota del colegio si querés algo digno, y el supermercado que te devora con la CBA.

La Canasta Básica Total del INDEC ya supera el millón ciento veintiocho mil pesos para una familia tipo. Y el que no llega, es pobre. No marginal, no vulnerable. Pobre. Así, sin metáforas. Porque si no pagás la expensa, te inician acciones legales. Si no pagás la canasta, pasás hambre.

Del “Viva la libertad” al “viva el consorcio”: ¿y ahora quién paga esto?

Lo más irónico de este experimento económico libertario no es el ajuste, sino quién lo paga. El que creyó que Milei iba a terminar con “la casta” se encontró con una casta más cara y más inepta. El encargado sigue cobrando, sí, pero ahora con inflación reprimida. Las tarifas suben sin freno. El gas, el agua y la luz aumentan por decreto silencioso. Y las expensas se convierten en ese monstruo mensual que nadie puede ignorar, pero del que nadie habla.

¿Querías cortar el gasto público? Acá tenés el gasto privado desbordado. ¿Querías eliminar la inflación con motosierra? Acá tenés inflación encapsulada en el ascensor.

El plan que no planifica: pobreza sin anestesia

La narrativa oficial se sostiene en tres pilares: dólar controlado, déficit cero, y un relato marketinero. Pero los datos gritan otra cosa. La Canasta Básica Alimentaria subió 1,1% en junio y 28,7% en un año. La Total, un 29,2% interanual. En números crudos:

  • Una familia tipo necesita $1.128.398 para no ser pobre.
  • Tres personas, $898.336.
  • Cinco personas, $1.186.826.

Y las expensas, por si te olvidaste, están en $268.591. Solo por vivir. Solo por mantener la fachada de una clase media que se disuelve como azúcar en café negro.

¿Y el votante de Milei? Silencio, estupor y negación

Mientras tanto, el votante libertario resiste. Con fe ciega, con argumentos que se caen a pedazos, con la esperanza de que “esto recién empieza”. Y sí, empezó. Pero no como lo imaginaban. No con prosperidad espontánea ni rebote mágico. Sino con más desigualdad, más endeudamiento en dólares, más depresión estructural.

Los que ayer gritaban “viva la libertad, carajo” hoy miran los carteles de venta en sus edificios. Departamentos que no se venden, alquileres imposibles, y consorcios en crisis por falta de pago. Es la libertad sin red. Es el ajuste que no se admite. Es la bomba silenciosa del experimento liberal aplicado sin anestesia ni gradualismo.

En el país de Milei, las expensas son la nueva casta

¿Quién habla hoy de “casta”? ¿Los sindicatos? ¿Los piqueteros? ¿La política? No. La verdadera casta es el sistema de consumo básico que nadie puede evadir: consorcio, alimentos, servicios, salud. Y esa casta no se toca, no se reforma, no se discute. Se paga o se cae.

El mercado no arregla nada cuando la gente no llega a fin de mes. El plan económico es un castillo de Excel sin cimientos en la realidad. Y mientras se aplauden gráficos y balances en inglés, el vecino junta monedas para pagar el ABL.


Palermo Online como juez, el periodista como fiscal, el lector como jurado

¿Es este el modelo que votaste? ¿Es este el experimento por el que hipotecaste tu última fe política? ¿Cuánto más estás dispuesto a aguantar para no admitir que te mintieron… otra vez?

Si querés compartir tu historia o denunciar la situación de tu consorcio, escribinos a lectores@palermonline.com.ar. La verdadera reconstrucción empieza cuando dejamos de mentirnos.