Fauna oculta en Palermo: lagartos, maras y otras sorpresas vivas entre los adoquines y los lagos

Quince años después del hallazgo de una mara suelta, los Bosques de Palermo siguen siendo un santuario inesperado de vida silvestre porteña, entre reptiles, aves migratorias, comadrejas nocturnas y leyendas urbanas.

Entre el humo de los choripanes y el flash constante de los influencers, Palermo guarda un secreto que se arrastra, vuela o chapotea entre los árboles: una fauna viva, salvaje y a veces surrealista que persiste a pesar del cemento y el ruido. Y no es una exageración.

Allá por enero de 2010, una mara —también llamada liebre patagónica— se dejó ver por el Club de Amigos después de Navidad. Fernando fue testigo de cómo el roedor gigante se paseaba entre niños fascinados, como si fuera un Pokémon real. Poco después, el Zoológico (cuando aún era zoológico y no Ecoparque) confirmó la fuga de dos maras. Las recuperaron… pero siempre quedó la duda: ¿había más? ¿Y si hoy siguen ahí?

La anécdota, que en su momento fue portada de diarios, destapó un fenómeno aún más profundo: la biodiversidad espontánea de los Bosques de Palermo.

Un inventario salvaje en pleno corazón porteño

Hoy, en pleno 2025, con el Ecoparque funcionando como centro de conservación y los parques más controlados, los avistajes de especies silvestres no han disminuido. Al contrario. La fauna parece haberse adaptado, resistido e incluso expandido.

Según el último relevamiento del equipo de la Dirección General de Espacios Verdes de la Ciudad, al menos 208 especies de aves se han identificado en la zona del Parque Tres de Febrero. Algunas, migratorias que van y vienen desde la Reserva Ecológica de Costanera Sur; otras, residentes fijas que hacen del Rosedal su balcón diario.

Pero lo más llamativo no está en el cielo, sino más cerca del suelo.

Los lagartos overos siguen ahí

En los mismos adoquines donde alguna vez Ferreyra vio tomar sol a un lagarto overo (Tupinambis merianae), todavía se reportan apariciones. Este reptil autóctono, parecido a una iguana musculosa, puede alcanzar hasta un metro y medio y pesa varios kilos. No es peligroso si no se lo molesta, pero impacta verlo cruzar un sendero con esa mezcla de dinosaurio y animal criollo.

Suelen habitar zonas con pastizales, pero en Palermo han encontrado un ecosistema amable: sol, refugios en las islas, alimento disponible (a veces basura, lamentablemente) y poca amenaza.

¿La sorpresa? Según fuentes del Ecoparque y vecinos consultados, no serían sólo dos los ejemplares. Algunos se cruzaron con juveniles, lo que abre la posibilidad de una reproducción en libertad.

Comadrejas nocturnas y tortugas en siesta

Por la noche, las islas del lago de Regatas son territorio de comadrejas: marsupiales nocturnos, escurridizos y con esa fama de bicho ladino que se ganaron en el campo. Cavan madrigueras entre los arbustos y salen cuando cae el sol.

En el agua, se las ve a ellas: las tortugas acuáticas, especialmente del tipo Trachemys dorbigni, trepadas a troncos caídos en actitud zen. Les gusta tomar sol, inmóviles, y desaparecen con un “plop” apenas te acercás.

También se avistan coipos, roedores semiacuáticos similares a castores, que se asoman tímidamente al amanecer. Son parte del paisaje silencioso del parque.

Aves que parecen de otro planeta

Entre las más pintorescas están los cisnes de cuello negro, que volvieron en 2009 y se quedaron, desmintiendo aquel fantasma de su desaparición en los ‘90. También sobrevuelan el parque martines pescadores grandes, exclusividad del lugar en la ciudad, y pájaros carpinteros reales con su plumaje rojo furioso y su tamborileo hipnótico.

Pero quizás lo más emocionante sea la lechuza campanario, que puede verse al caer la tarde, volando sobre el Planetario como si buscara estrellas.

Y si te quedás en silencio, quizás oigas el grito de los caranchos o el vuelo bajo de las gallaretas. Todo eso en medio del bullicio urbano, como si la fauna no aceptara del todo el mandato del asfalto.

¿Quién cuida esta biodiversidad?

Actualmente, varios proyectos de conservación y monitoreo están en marcha, impulsados por el GCBA, universidades y ONGs como Aves Argentinas. Se realizan conteos estacionales, anillos de marcación y relevamientos nocturnos con linternas y binoculares.

Aun así, la principal amenaza sigue siendo el ser humano: basura, mascotas sueltas, tráfico de fauna y la pérdida de refugios naturales. La preservación del equilibrio es frágil, y aunque los parques son públicos, no todo vale.

Un llamado a mirar más allá del picnic

Los Bosques de Palermo no son sólo una postal para sacarse selfies en el Rosedal. Son un ecosistema complejo y resiliente, que convive con corredores, parejas en mate, recitales y ferias. Una pequeña reserva urbana donde la naturaleza resiste, se adapta y, a veces, da sorpresas: una liebre patagónica que corre entre los juegos, una iguana gigante que se asolea entre los adoquines, una lechuza que te observa desde un árbol.

En tiempos donde el cemento avanza, Palermo late con vida salvaje.

¿Alguna vez viste algo raro en el parque? ¿Un bicho que no esperabas? Contanos tu historia escribiéndonos a: lectores@palermonline.com.ar