Jubilados pobres: la doble vara Patricia Bullrich

Patricia Bullrich se presenta como la paladín de la ley y el orden, pero en su ministerio florece la corrupción como en un invernadero.
Mientras repite discursos contra la “casta”, la Policía Federal que ella conduce gastó más de 8.000 millones en contratos con una droguería investigada por sobornos.
Habla de seguridad, pero la caja negra está en su escritorio.
Se hace la dura con los pobres y los jubilados, pero es blanda con los negociados millonarios.
Dice combatir mafias, aunque convive con ellas y las alimenta desde el Estado.
Patricia construyó su carrera sobre la impostura: ayer montonera, hoy libertaria de cartón pintado.
Promete orden, pero garantiza negocios turbios a los mismos de siempre.
Mientras la vejez se hunde en la miseria, ella firma licitaciones que engordan bolsillos privados.
Bullrich simboliza la doble moral de la derecha argentina: ajuste abajo, corrupción arriba.
La ministra no combate el delito: lo administra.

La miseria programada

Hace décadas que la política argentina usa a los jubilados como variable de ajuste. Cambian los gobiernos, cambian los slogans —Cambiemos, Juntos, La Libertad Avanza— pero la lógica es la misma: mientras los viejos cuentan monedas para comprar remedios, los funcionarios de turno cierran contratos millonarios con las mismas droguerías sospechadas de coimas.

La derecha y los libertarios repiten su mantra: “los jubilados son un gasto”. Y en el mismo gesto, justifican la caja negra de los medicamentos, donde se pierden miles de millones que podrían garantizar una vejez digna. No es casualidad: el negocio está arriba, la miseria abajo.

Tundis: “La vida de los adultos mayores cada vez es más miserable”

La especialista previsional Mirta Tundis fue tajante: “Los jubilados no son un gasto, son una inversión”. Sin embargo, las políticas actuales los condenan a una vida cada vez más pobre. Según su cálculo, si se hubiera aplicado la fórmula anterior de movilidad, la mínima rondaría los $430 mil, en lugar de los $320 mil actuales.

El dato no es menor: con la inflación en dos dígitos mensuales, ningún aumento compensa la pérdida real. Pero los gobiernos siguen mirando a los jubilados como “un déficit”, cuando en realidad su consumo es motor de la economía.

La caja negra de los medicamentos

Mientras se ajusta a los adultos mayores, el Estado sigue alimentando el mismo entramado corrupto. La Droguería Suizo Argentina, investigada por sobornos, fue beneficiada en 2025 con contratos millonarios de todos los colores:

  • Ministerio de Salud: $1.471 millones.
  • Hospital Militar Central: más de $20 millones.
  • Ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich: $8.339 millones.

En total, casi 10.000 millones de pesos en apenas unos meses. Una fortuna que fluye a una empresa cuestionada mientras los viejos dejan de comprar remedios por no poder pagarlos.

La derecha y su vara torcida

Cuando el choreo es ajeno, los libertarios y el PRO gritan “corrupción”. Pero cuando la caja negra los beneficia, se hacen los distraídos. Lo propio no es delito: es militancia.

Cristian Ritondo, Diego Santilli y José Luis Espert —figuras PRO y libertarias— se pasean por los sets de TV como campeones de la república, pero sus trayectorias están cruzadas por denuncias, adicciones, escándalos y negocios oscuros. La derecha naturaliza que sus dirigentes roben, se droguen o acomoden contratos, y encima pretende que eso es “gestión”.

Karina Milei, la cajera y pastelera devenida jefa política, completa el sainete. Desde su lugar de poder, sostiene un entramado donde la política se confunde con el negocio, y donde las mafias farmacéuticas se aseguran siempre la mejor tajada.

Jubilados como variable de ajuste

Mientras tanto, el jubilado argentino vive una tragedia cotidiana:

  • Pérdida sistemática del poder adquisitivo.
  • Falta de cobertura total en medicamentos del PAMI.
  • Aumentos “truchos” que son devoluciones de lo perdido.
  • Moratorias que no resuelven el problema estructural del trabajo informal.

La vida de los adultos mayores “cada vez es más miserable”, como dijo Tundis. Y el silencio oficial confirma que para este gobierno, como para los anteriores de la misma casta, los viejos son un número incómodo en la planilla de Excel.

Karina Milei: la estafadora eterna

Los políticos ricos se reparten contratos millonarios con las mismas droguerías cuestionadas desde hace décadas. Los jubilados pobres, en cambio, hacen cuentas imposibles para comprar remedios o pagar los servicios.

La casta libertaria y PRO encontró un nuevo disfraz, pero la estafa es la misma: se ajusta abajo, se roba arriba. Y cuando los acusan, ponen cara de víctimas, como si ser más falsos que un billete de tres pesos fuera parte de su identidad política.

La pregunta, una vez más, es si la sociedad seguirá tolerando que la corrupción propia nunca sea corrupción.


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