Prefecto Sebastián Emanuel Martínez ¿Cómo se fabrica una mala persona en todos los sentidos?

La Argentina tiene una fábrica inagotable de malas personas. No hablamos de monstruos de película ni de villanos con capa: hablamos de individuos de carne y hueso que se gestan en familias tóxicas, que crecen bajo la lógica del “sálvese quien pueda” y que encuentran en el uniforme, el poder o la impunidad el escenario perfecto para desplegar su violencia. La pregunta ya no es cómo reconocerlos, sino cómo una sociedad entera los produce, los ampara y, muchas veces, los aplaude.

El manual del mal parido

Ser mala persona no es una cualidad innata. Se aprende. En la sobremesa familiar donde se enseña que “el mundo es de los vivos”, en la escuela donde se premia al que copia, en la oficina donde se trepa pisando cabezas y en la política donde el castigo es la herramienta predilecta de control social. El filósofo Hobbes decía que “el hombre es lobo del hombre”. Aquí, el lobo viste uniforme, obedece protocolos represivos y dispara a la cara de un manifestante.

La noticia que lo confirma

El caso lo expone con crudeza: el prefecto Sebastián Emanuel Martínez, integrante de la Agrupación Guardacostas de la Prefectura Naval Argentina, será indagado el 16 de septiembre por orden de la jueza federal María Servini. Está acusado de disparar con un rifle táctico Byrna TCR contra Jonathan Navarro, hincha de Chacarita, durante la protesta del 12 de marzo.

Navarro perdió la visión de su ojo izquierdo tras recibir el proyectil directamente en la cara, a corta distancia. Las pericias, los videos ciudadanos y el material de fotorreporteros lo identificaron con precisión: casco con marca blanca, arma naranja reglamentaria, protecciones en la cadera y un guante negro. No hay dudas de la autoría.

Tres minutos antes, el cabo Héctor Guerrero de Gendarmería había disparado contra el fotógrafo Pablo Grillo en la cabeza, en abierta violación de los protocolos de armas lanzagases. Y detrás de todo, el Prefecto Mayor Héctor Cabrera, jefe de los Albatros, supervisaba a las fuerzas bajo el comando unificado de la ministra Patricia Bullrich.

Una vida destrozada

Jonathan no fue a la marcha por deporte. Fue el día en que su padre debió pagar $80.000 por un medicamento que antes recibía gratis. Regresó con la vida cambiada: sin visión en un ojo, con secuelas psicológicas, sin reflejos para el deporte y con un dolor que no prescribe. Su historia encarna la cara más brutal de la represión: la que deja huellas irreversibles en cuerpos que solo reclamaban justicia social.

El espejo social

Martínez no es un “exceso”. Es el ejemplo perfecto de lo que significa ser una mala persona cuando el poder legitima la crueldad. Lo que en la vida cotidiana se aprende como picardía, en el uniforme se convierte en represión. La cultura que normaliza al vivo que se aprovecha del otro termina pariendo al prefecto que dispara a la cara.

El tango lo sintetizó hace décadas: “el que no llora, no mama, y el que no afana es un gil”. Esa ética torcida dejó de ser música de arrabal para transformarse en doctrina de gobierno.

El juicio simbólico

Hoy, la Justicia citará a Martínez. Pero la pregunta que queda flotando es más grande: ¿cuántos Sebastián Martínez andan sueltos en la Argentina, esperando el próximo protocolo, la próxima orden, el próximo aplauso social para ejercer su violencia?


Palermo Online como tribunal

En este juicio simbólico, Palermo Online se erige como juez, el periodista como fiscal y el pueblo lector como jurado. El acusado ya no es solo un prefecto con un rifle naranja, sino una cultura entera que fabrica malas personas en serie.

Y la sentencia queda en suspenso, a la espera de tu veredicto:
¿seguiremos aplaudiendo a los lobos o nos animaremos, alguna vez, a rescatar a los justos?

Escribinos a lectores@palermonline.com.ar y participá de este juicio social.