Plazas del barrio Belgrano. Plaza Alberti.

En la manzana delimitada por las calles Manuel Ugarte, O’Higgins, Franklin D. Roosevelt y Arcos encontramos la plaza Alberti. El espacio verde cuenta con senderos y bancos guarecidos bajo la sombra de frondosos árboles, juegos para niños, y una estatua homenaje al sacerdote y vocal de la Primera Junta por el que la plaza fue nombrada. La obra fue realizada por Lucio Correa Morales en tres “capas”: primero, en contacto sobre el suelo, dos escalones de granito gris de Tandil; sobre estos un pedestal de cuatro bloques de granito rojo lustrado dispuestos en sentido decreciente; y en lo alto del pedestal la figura de Manuel Maximiliano Alberti. La escultura del vocal es de mármol, y se lo observa sentado sobre un sillón.

¿Pero quién fue Alberti? Manuel nació el 28 de mayo de 1763 en Buenos Aires, fruto del matrimonio entre Antonio Alberti Fulle -un italiano procedente de Garezzi- y Juana Agustina Marín Pérez de Velasco. Estudió teología en la Universidad de Córdoba, doctorándose en Teología y Cánones el 16 de julio de 1785. En 1786 fue ordenado sacerdote. Por tres años ofició como teniente cura de la ciudad de Concepción del Uruguay. Y en 1790 se le nombró cura y vicario interino del partido de Magdalena, allí dirigió la Casa de Ejercicios de Buenos Aires. Mientras residió en la Banda Oriental trabajó como cura párroco de Maldonado. Durante las Invasiones Inglesas fue apresado por la acusación de mantener contacto por carta con jefes de tropa españoles. Una vez derrotados los ingleses por las fuerzas patriotas fue liberado y retornó a sus funciones.

En 1808, con su regreso a la ciudad de Buenos Aires, se hace cargo de la Parroquia de San Benito de Palermo. No se quedó sin participar del famoso Cabildo Abierto de 1810, donde votó a favor de la dimisión inmediata del entonces Virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros. Con la conformación de la Primera Junta recibe el cargo de vocal, supuestamente por formar parte del partido del presidente de esta, el señor Cornelio Saavedra. Aún así apoyó fervientemente a Mariano Moreno y sus ideales reformistas. Solo se apartó de su partidismo morenista al tratarse del fusilamiento de Santiago de Liniers, Moreno y sus seguidores estaban a favor del mismo pero Alberti se opuso por ser un hombre de fe. Todos los integrantes de la Junta firmaron en concordancia excepto el.

Fue un importante redactor de la Gaceta de Buenos Ayres, incluso tras el alejamiento de Moreno de dicho medio. Votó, al igual que los sectores no morenistas de la Junta y el resto de los vocales, a favor de la incorporación de los diputados de las provincias del interior. Esto lo hizo uno de los responsables del surgimiento de la Junta Grande y provocó su distanciamiento de Moreno.

Fue el primero de los que habían conformado la Primera Junta en morir, el 31 de agosto de 1811 de un problema cardíaco, tras su muerte el Dr. Miguel Mariano de Villegas instó a la Junta Grande a buscar un reemplazo que ocupara el puesto recientemente vacío. Por mas raro que parezca, no se sabe casi nada del paradero final de sus restos. Fue enterrado en el primer edificio que tuvo la Iglesia de San Nicolás, pero este se encontraba en donde ahora está el Obelisco de Buenos Aires y fue demolido en 1936 para hacer lugar a la Av. 9 de Julio. Ahí se le pierde la pista, si bien el ajetreo de la historia y del rápido crecimiento de nuestra ciudad resultaron en esta afrenta a una figura importante en nuestra conformación como país, su memoria permanece, se han nombrado en su honor calles, pueblos, y escuelas además de la ya mencionada al comienzo del artículo, la plaza Alberti.
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